¿Cómo influye la pornografía en las relaciones sexuales cotidianas?

¿Cómo influye la pornografía en las relaciones sexuales cotidianas?

En sus comienzos la industria del porno fue creada principalmente para hombres y aunque poco a poco se están introduciendo contenidos dirigidos a ambos sexos, sigue habiendo un gran desequilibrio en cuanto al producto, siendo el porno para el sexo masculino el principal de la industria.

Hoy en día, con las nuevas tecnologías, el consumo de pornografía está al alcance de cualquiera, desde niñ@s a ancian@s. Es decir, un niño desde que es pequeño tiene como referencia la pornografía como acto sexual, por lo que ésta funciona como potente fuente de educación sexual. En otras palabras, si se une la poca educación sexual que se imparten en los centros educativos, con el miedo o reparo que le da a los padres hablar abiertamente de sexo con sus hij@s, se podría decir que el porno es la única educación sexual que reciben los menores.

¿Pero es la pornografía un buen referente de educación sexual? El argumento principal de la mayor parte de este género es la violencia. Y esto contribuye a un imaginario sexual que tiene efectos socializantes y educativos sobre quienes lo ven. Por lo que se asume, que la violencia forma parte de las relaciones sexuales. La pornografía es principalmente un reflejo de nuestras fantasías y nuestros deseos más internos. Pero es fundamentalmente ficción. Y el estigma creado limita a la hora de educar a los más pequeños y enseñar que al igual que otra película de fantasía o ficción, las cosas no deben llevarse a la realidad, si no deben quedarse sólo en fantasía. Por lo que se necesita con urgencia una educación sexual que no tenga al porno como tabú y pueda ser analítico con él.

¿Cuánto de influyente puede ser la pornografía en las relaciones sexuales? La pornografía tiene efectos directos sobre el comportamiento de quien lo consume. Pues el porno en su mayoría dibuja al hombre como dominante en el acto sexual y a la mujer sumisa y complaciente con el hombre. Quienes tienen ésto de referencia sexual, de una forma u otra buscarán complacer sus deseos de manera parecida.

No es sorprendente que hombres pidan a las mujeres en la cama hacer ciertas cosas que han aprendido del porno. Y viceversa. A través de todos estos años la pornografía ha forjado muchos estereotipos como la violencia, la preferencia por la penetración anal, la duración de erección del hombre, el sexo oral, la imposición, etc… son solo unas cuantas cosas que pueden llegar a frustrar a l@s consumidor@s del porno, porque intentan recrear lo que ven y muchas veces no pueden o no es como se esperan.

En resumidas cuentas, este artículo no intenta cuestionar el consumo de pornografía, ni la forma de practicar sexo. Cada uno ve lo que quiere, se excita con lo que le da la gana y tiene sexo como puede. Siempre que sea consciente, consensuado y aceptado por la partes correspondientes es más que lícito. Pero no es el tema, lo que se intenta decir es que hay que saber muy bien que la pornografía no es un manual para aprender a tener relaciones sexuales y que no es la representación real de la vida sexual.

“Se nos acusa a la gente que trabajamos en la industria pornográfica de no representar un modelo de conducta sexual enriquecedor. Pero es que lo que representamos son fantasías. Cuando alguien lleva a su hijo a ver a Batman o Spiderman al cine, le explica que eso no es real, que después no puede ponerse una capa y lanzarse por la ventana. El problema con la pornografía es que, por falta de educación sexual, se busca en ella la información que no nos dan nuestros padres, nuestros educadores, nuestras figuras de poder… Los adolescentes buscan esa información en internet, pero no es fiable, porque lo que estamos representando no es real, es ficción” Amarna Miller, actriz porno. En su opinión, la cara A del porno. Satisface una curiosidad irrefrenable durante la adolescencia. La cara B es que puede ser placentero verlo, pero no tomarlo como modelo.

“A los directores de cine porno no se les puede exigir que transmitan un modelo de educación sexual, igual que a los directores de cine de terror no se les reclama que traten los miedos del espectador”. Paulita Pappel, actriz porno.

Autora: Sofía Alonso Díaz



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