El arte de posponer y cómo deshacernos de él

Cuantísimo nos cuesta a veces ponernos a realizar las tareas que nos corresponden. Inventamos miles de excusas para ir dejándolas para lo último y así, muchos propósitos y objetivos se quedan en el camino. Y es que lo mas difícil es el comienzo, ese pequeño empujón que evitamos a toda costa.

Procrastinar, sí. Así se llama ese hábito de postergar actividades sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables, es decir, el “vaguear” de toda la vida.

Miles de excusas son las que nos llevan a dejar las tareas importantes para después, redes sociales, vídeos, otras tareas menos relevantes. Vamos todo lo necesario para evitar hacer eso que tan poco nos gusta. Y es que es así, no nos gusta, es lo que “debemos hacer” y no lo que “queremos hacer” y ante eso cualquier excusa es válida para huir.

Pero no nos confundamos, porque cuando vamos dejando cosas pendientes,  al final se vuelven más difíciles de resolver que si nos las quitáramos de encima lo antes posible. Porque el acumular tareas para luego, produce estrés y mucho. Sólo de saber que hay algo que sí o sí hay que hacer y  aún no nos hemos puesto manos a la obra, te mantiene en alerta y tensión. Al final es más estresante tener tareas pendientes, que realizarlas.

Lo sabemos, sí, las nuevas tecnología e internet nos hacen daño, mucho daño y son los mayores responsables de nuestra procrastinación, tanto como nuestra pereza y pocas ganas de hacer lo que debemos. Podemos dejar de mentirnos, ponernos manos a la obra de una vez y hacer que nuestro tiempo realmente sea eficaz y productivo, sea el motivo que sea el que nos lleve a posponer. El tiempo es muy valioso y postergar constantemente, no nos deja disfrutar de los ratos de ocio  del todo, por lo que vamos a hacer que el tiempo nos cunda de verdad y así poder disfrutar realmente de nuestro tiempo libre.

FUERA DISTRACCIONES

Vamos a apagar el móvil y a llevarlo a un cajón de otra habitación, sabemos que la mayoría de las veces cuando suena no es importante, así que no nos preocupemos en mantenernos lejos de de él durante unos minutos. Queda prohibido abrir una ventana en el ordenador que no sea de lo que debemos trabajar. Fuera tele, olvidémonos también de la cocina (sobre todo del frigorífico). La casa lleva así mucho tiempo, hoy no es día para pensar en si está sucia o necesita decoración. Tenemos más cosas que hacer sí, pero ahora es esto, cuando acabemos ya vendrán más y más tareas, así que centrémonos por lo menos en empezar con ésta, después ya se verá.

ORGANIZACIÓN Y PLANIFICACIÓN (Importantísimo)

Para mí este punto es esencial para comenzar la tarea y  mantener la motivación de terminarla. Vamos a coger papel y bolígrafo, crearemos una lista de las cosas que debemos hacer hoy, sólo hoy.  Lo mejor es realizarla a primera hora de la mañana o por la noche para el día siguiente. Seamos sincer@s con nosotr@s mismos y ordenemos esa lista por prioridad, también es aconsejable hacer las tareas más tediosas al comienzo, así nos la quitamos de encima lo antes posible. Una vez que hayamos creado la lista de tareas por orden de importancia (real), pondremos el tiempo que necesita para realizarse. Eso sí, listas de tareas cortas, ya que demasiados puntos pueden acabar con la sensación de control de nuestro tiempo y generarnos más estrés que otra cosa. El plasmar lo que tenemos que hacer en un papel, nos libera de tenerlo en la cabeza.

Cuando finalicemos la tarea, la tacharemos. Tener una visión general de lo que vamos acabando ayuda a nuestra motivación.

REGLA DE LOS DOS MINUTOS

Tiene su origen en el método de gestión de actividades Getting Things Done, de David Allen, cuyo libro en español ha sido traducido como Organízate con eficacia. Esta regla dice que si estamos planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiquemos, hagámosla. El truco está en que podemos ampliar un poco esos dos minutos a periodos de 5 ó 10 minutos. Si conseguimos transformar esta regla en un hábito, daremos salida a muchísimas tareas sencillas que no vamos a poder posponer. 

ROMPE EL HIELO

Las investigaciones demuestran que la regla de “sólo unos minutos” es muy eficaz para dejar de procrastinar y puede ayudar a terminar las tareas más arduas. Para vencer el primer momento de pereza tenemos que engañar al cerebro diciéndole “Voy a hacer esto por solo unos minutos”, y puedes estar seguro de que esos pocos minutos realizando la actividad van a crear esa famosa ansiedad mental de la que habla Zeigarnik que nos mantendrá pedaleando. Sentiremos la necesidad imperiosa de seguir con ella hasta acabarla. Luego todo irá rodado y en un alto porcentaje cuesta abajo.

RECOMPENSA

Pensaremos en lo que haremos después de hacerla. Algo que nos guste y nos evada del objetivo por un rato.

PONER EL NOMBRE CORRECTO A LAS COSAS

Cada palabra lleva la carga suficiente de contenido como para respetarla y que nombrarla siga queriendo decir lo que estrictamente, quiere decir. Vamos a los casos prácticos: si a todos nuestros mails le colocamos la etiqueta de “urgente” y si cualquier proyecto lo necesitamos para “ayer”, ni “urgente” ni “ayer” hacen referencia a su significado. De ese modo, el próximo mail  podrá esperar dado que ni todo puede ser urgente y nada que verdaderamente sea relevante se puede entregar ayer. 

Posponer algo fácil lo convierte en difícil. Posponer algo difícil lo convierte en imposible. George Claude

 

Autora: Sofía Alonso Díaz



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