Del enamoramiento al amor

En ese estado desinhibido, que todo surge y todo fluye sin más. Los demonios no se ven, o si se ven los eclipsa el atontamiento. Por eso se habla de que es ciego. Todo es color, pasión y una sobredosis de éxtasis en la que el mundo pasa a ser insignificante para ti.

Y se exprime, se aprovecha y se vive como si no hubiera un mañana. Por que nos han dicho que todo eso se acaba, que su fecha de caducidad está escrita sin que podamos hacer nada. Así nos han vendido el amor. Como si se tratara de una botella de agua, que por cada sorbo, no pudieras volver a llenarla.

Pero eso no es amor, si no enamoramiento. Amar es otra cosa… supone atravesar la fase de enamoramiento, y dejar de ver a tu pareja como perfecta o de color rosa. Conocerla tal y como es, y no como a ti te gustaría que fuera. Y es que confundimos con facilidad estos dos términos. Muchas parejas suelen extinguirse cuando el estado de enamoramiento va llegando a su fin, esbozando una caída que termina con una inevitable ruptura, porque se decepcionan y no aceptan la imagen real de la pareja.

Pero el amor precisa tiempo, paciencia, construcción y trabajo. Requiere conocer a la otra persona y aceptarla con sus defectos. No es irracional, sino pausado, medido y con una gran visibilidad. Nada de ser ciego. No hay camino completo de pétalos de rosas, habrá más de una espina y en él mantenerse juntos será la muestra de amor, junto con la superación, el crecimiento, la evolución y la adaptación mutua.

Del enamoramiento nos llena  lo que nos ofrece la otra persona, pero en el amor no es recibir lo que llena. De hecho, el amor más puro se expresa cuando sientes la necesidad de dar, más que de recibir.

Autora: Sofía Alonso Díaz

 

 

 

 

 

 



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