¿Hasta dónde debes saber sobre la intimidad de tu pareja?

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¿Dónde se encuentra la línea que dice que estás invadiendo un espacio que no te pertenece? ¿Quién decide si se debe o no hurgar en la intimidad de la pareja? ¿Quíen debe poner el límite un@ o ambos?. Son muchas preguntas las que se nos vienen a la cabeza cuando se trata de conocer ese espacio de la otra persona.

No estaría mal empezar teniendo en cuenta que la relación de pareja es sólo un componente de nuestras vidas, es algo inherente a nuestra vida social y nuestras dimensiones íntimas respecto a una parte de ella. El espacio personal es esencial en toda clase de relaciones. Es ahí donde nos desarrollamos como personas individuales, ahí donde se inscriben nuestras aficiones, nuestras amistades y nuestra identidad.

No se puede negar que el ser humano al igual que otros animales, es curioso por naturaleza. Le gusta conocer y saber qué es lo que ocurre a su alrededor y más aún cuando se trata de saber sobre la persona con la que está compartiendo una relación íntima. Por eso es muy común que mayoritariamente cueste diferenciar entre intimidad de la pareja e intimidad personal, sobre todo si esta confusión permite dar rienda suelta a esa curiosidad innata que nos invade.

Algunas parejas establecen que para demostrarse esa confianza que se tienen un@ al otr@ deben dejar entrar a su pareja en la zona de intimidad individual, ya sea mirar el móvil, darse la contraseña de sus redes sociales, contar todo lo que hablan y hacen con otras personas… es decir, saber todo del otro, todo todo. Para ell@s esa es la mayor muestra de amor, confianza y lealtad que pueden darse…

…Y nada está más lejos de la realidad que esa creencia.

El tener una pareja no nos convierte en dueñ@s de ella ni de sus pertenencias. Al revisar sus cosas personales estamos invadiendo su privacidad y por el contrario a lo que algun@s piensan, eso es la mayor demostración de desconfianza que se pueda tener. Si confiamos en nuestra pareja y en lo que nos demuestra día a día, no necesitamos entrometernos en su más profunda intimidad para asegurarnos. Confiar en tu pareja quiere decir respetar ese espacio de intimidad que todo el mundo debe tener, ese espacio que se le da a cualquier persona que quieres ya sea un miembro familiar o un amig@. Pues tu compañer@ también lo merece.

Si desconfias de que pueda hablar o incluso hacer cosas que puedan perjudicar a la relación, eso ya es un síntoma de que la relación debe limpiarse. La autoestima, la seguridad y la confianza en uno mismo es la mayor herramienta para depositar confianza en el otro.

De ingenu@s es creer que si nos empapamos de todas sus conversaciones, sus fotos, con quién viene y va, así ya estamos libres de sufrir un engaño, al igual que si pensamos que por dejar ese espacio ya la otra persona no va a respetarte de alguna forma. Es decir, que haciendo invasión del espacio ajeno nada nos asegura que no nos mienta y el que él/ella nos muestre todo supuestamente, tampoco. Para eso está la confianza. Por lo que deberíamos dejar de relacionar el “me muestra todo” con “no me oculta nada”, porque para nada es así.

Si estamos con alguien sin confiar, mal. Y si necesitamos que nos muestre todo para confiar en él/ ella, peor.

Los psicólogos recomiendan que cada miembro de la pareja cultive un tiempo y un espacio propio para conservar su individualidad y mantener una relación amorosa sana y duradera. Los expertos señalan que esa intimidad personal no sólo es buena para el desarrollo de cada uno, sino que es imprescindible para que las relaciones sociales, laborales, y especialmente las de pareja, sean sólidas y constructivas. Esa parcela privada de nuestra vida es un lugar donde cada uno toma conciencia de sí mismo. Pero no es un refugio de huida ni de desconexión con el mundo, sino un espacio básico para la estabilidad emocional. Nunca se debe olvidar que la relación de pareja se sustenta sobre tres cimientos, y que se debe cuidar cada uno de ellos: el tú, el yo y el nosotros.

Como conclusión voy a hacer alusión a unas palabras que dijo Josep López : “Ni compartirlo todo ni esconder una parte, sino que cada miembro de la pareja tenga un espacio propio que cuide y ame, y al que deje entrar a quien quiera cuando quiera. Y que cada uno, por supuesto, respete esa libertad en el otro y evite invadir ese espacio”.

A quien amas dale alas para volar, raíces para volver y motivos para quedarse”

Dalai Lama

Autora: Sofía Alonso Díaz



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